Como ya os avancé en una publicación anterior en Instagram, las rupturas amorosas se suelen producir en mayor medida cuando termina agosto. Las vacaciones, al fin y al cabo, son una época en la que estamos más ociosos y, por tanto, tenemos más tiempo para reflexionar y tomar decisiones que ya nos venían rondando por la mente. Por otra parte, es cuando más tiempo pasan juntos los miembros de una pareja, con lo cual los conflictos en la convivencia también se suman a esa ecuación. Ahora que llega septiembre, si este es tu caso, y dejas a alguien (o especialmente si resulta que te han dejado a ti), te anticipo las fases por las que probablemente vas a pasar a nivel emocional:

1. NEGACIÓN:
Frases como «esto no puede estar sucediendo», «esto solo va a ser algo pasajero», «esto no me puede estar pasando a mí», etc. se te pueden venir a la cabeza con mucha facilidad. Por eso esta fase se llama «negación», porque aún no te lo crees.

2. CONFUSIÓN Y CULPA:
“Algo habré hecho mal de lo que no soy consciente», «una tercera persona ha tenido que aparecer y yo ni me he dado cuenta», «debería haber sido más comprensiv@ y cariños@», etc. Es decir, te sientes culpable por la ruptura, tanto si tienes claros los motivos como si no. De ahí también la confusión.

3. IRA:
Y frustración, y rabia… Te enfadas contigo mism@ y con el mundo en general porque has perdido algo que, aunque no te estuviera aportando realmente lo que se necesita en una relación sana, tenía cosas positivas (compañía, sexo, mimos…). Te queda un vacío que no sabes cómo llenar, y eso hace que te sientas de mal humor todo el día.

4. NEGOCIACIÓN:
Para tratar de escapar de todas las fases anteriores, intentas esforzarte por recuperar lo que te tenías. Frases como «dime qué tengo que hacer para que vuelvas conmigo» pueden dirigirse con facilidad a esa persona a la que aún se ama. Tratas de llegar a acuerdos mediante los cuales no te importa renunciar a aspectos de tu personalidad con tal de volver a conquistar a quien en una ocasión se fijó en ti. Pasas a situarte en un segundo plano. Lo das todo con tal de lograr una segunda oportunidad.

5. DEPRESIÓN:
Si, a pesar de todos tus intentos de negociación, la otra parte se mantiene firme en su decisión y no vuelve contigo, o lo hace transitoriamente, por pena, para luego volver a cortar, a la depresión no le queda más remedio que aparecer. Te sientes triste, impotente, inútil… La autoestima cae hasta el subsuelo, y desde ahí se niega a remontar. Ya nada tiene sentido para ti. Te sientes un/a fracasado/a integral.

6. ACEPTACIÓN:
El tiempo va pasando, y empiezas a asumir al fin que la ruptura se ha producido, y que no tiene solución. Te das cuenta de que estar en pareja es cosa de dos, y no de uno, y te resignas a la idea de que hay situaciones que tienen un principio y un final, y que una de ellas ha sido tu historia de amor.

7. TRANSFORMACIÓN:
Poquito a poco empiezas a centrarte más en ti mism@. Aprendes a identificar tus fortalezas y tus flaquezas, y a trabajarlas. Te das cuenta de que quizás sí tenías parte de culpa en aquella ruptura, pero no en el sentido en el que tú creías. No por no haber sabido ser lo suficientemente complaciente, por ejemplo, sino precisamente por todo lo contrario, es decir, por haber complacido demasiado a esa persona, hasta el punto de descuidarte a ti mism@. Aprendes de los errores, y ves con mayor claridad los de los demás (a quienes habías podido llegar a idealizar). Descubres el significado del término «dependencia emocional», y miras al futuro con aires renovados, sabiendo que, muy probablemente, tu próxima relación será más sana y te hará menos daño.

Las primeras fases de este proceso se pueden intensificar si se trata del primer amor y, por tanto, de la primera ruptura. La idea de que hay personas a las que sí les funcionan las segundas oportunidades puede ponérnoslo todavía más difícil. En cualquier caso, estas funcionan solo cuando se ha llegado finalmente a la fase de transformación. Si nos quedamos en la de negociación, y no seguimos avanzando, será como poner un parche que se acabará cayendo. Y si ese trabajo no es mutuo (en el contexto de una terapia de pareja) muy posiblemente el resultado de esa «segunda parte» esté condenado a terminar igual o peor que la primera. Así pues, ahora que ya conoces esta información, si crees que septiembre se presenta complicado para ti por asuntos sentimentales no resueltos, empieza por pedir ayuda con un profesional. Yo, por mi parte, te espero presencialmente en Fisio Elena (Tarancón), y también online.

Tú decides: ¿hablamos? 🤗🧠🫶🙌

 

Macarena Pinedo López

Psicóloga y escritora

@lasonrisadelapoetisa